No hay tribus perdidas

Por Iva May

La Biblia Cronológica de One Year®, RVR1960 (Tyndale, 2013), 28 de diciembre


Dios le prometió a Abraham que lo convertiría en una gran nación y que a través de su simiente bendeciría a todas las familias de la tierra (Génesis 12:3). La historia de la Biblia rastrea a los descendientes de Abraham, con especial énfasis en su bisnieto Judá, a través de quien Siloh vendría. Israel se convirtió en una gran nación estando en cautiverio al servicio de los egipcios. Dios los trajó de vuelta a la tierra prometida a los patriarcas. Los bendice siempre que obedezcan y retira su bendición cuando desobedecen. Finalmente, los asirios tomaron cautivos a diez tribus y fueron dispersadas. Más tarde, las tribus de Judá y de Benjamín fueron tomadas cautivas por los babilonios. Se les permitió regresar 70 años después para reconstruir su templo y la ciudad de Jerusalén. La mayoría de los judíos, sin embargo, permanecieron en Babilonia.

Cuatrocientos años después, Jesús entró en la vida judía en Belén, fue presentado en Jerusalén (donde fue reconocido y acogido por Ana de la tribu de Aser), y comienzó su ministerio público en Caná. Los discípulos de Jesús fueron judíos de varias tribus y, más tarde, la iglesia en Jerusalén fue compuesta por creyentes judíos. La persecución disminuyó la conversión judía, y la iglesia se vuelvió mayormente gentil. Sin embargo, un pequeño grupo de judíos ha confesado y seguido a Jesucristo durante los últimos dos milenios.

El Libro de Apocalipsis nos asegura que Dios no ha olvidado a Israel, las doce tribus: “Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.” (Ap. 7: 4). Deben permanecer ilesos. Los nombres de las doce tribus aparecerán en las doce puertas de la gran ciudad, la ciudad santa de Jerusalén: “Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel” (21:12).

El apóstol Juan ve la respuesta de la oración de Pablo con respecto a Israel: «Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.» (Rom. 10:1). Pablo estaba seguro de que Dios no había desechado a Israel: “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.” (Rom.11: 1-2). Pablo entendió que el rechazo de Israel de su Mesías no era definitivo, por lo que oró por ellos. ¡Y Juan vio la respuesta a esa oración!

Este sellamiento de las doce tribus y la preservación de sus nombres ofrece una serie de verdades:

  • Dios cumple fielmente cada promesa que hace.
  • Aquellos que oran de acuerdo con las promesas de Dios pueden no ver la respuesta de Dios en su vida. Su enfoque no está en el cumplimiento, sino en la promesa y el Prometedor.

Preguntas de la lectura cronológica de la Biblia de hoy (Ap. 7:1 – 10:11):

¿Qué interrumpe la actividad del cielo y provoca treinta minutos de silencio?

Describe cómo Dios desmantela la tierra a través de las plagas anunciadas por las trompetas.

¿Por qué el ángel no le permite a Juan registrar las cosas que pronuncian los siete truenos?

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