Sufrimiento y sumisión

Por Iva May 

La Biblia Cronológica de One Year®, RVR1960 (Tyndale, 2013), 13 de diciembre

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago. 4: 7).

Sumisión, la despreciada palabra con “S”, es un tema de entrenamiento. Una vez que nuestro intelecto comprende el valor de la sumisión, la fe informa la voluntad de ablandar el cuello y doblar las rodillas para rendirse a Dios. Todo depende de la  visión personal que tenemos acerca de Dios.

Santiago menciona la sumisión a la luz de las relaciones interpersonales y el sufrimiento.

El sufrimiento interno autoinfligido causado por deseos insubordinados: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.” (4: 1-2) Las personas desarmadas codician, pelean y combaten. ¿Por qué? Porque no creen que Dios esté trabajando en sus vidas o que se pueda confiar en su bondad. Los deseos egoístas no sometidos arruinan las relaciones.                                                                                                            La sumisión comienza con las rodillas dobladas ante Dios.


El sufrimiento externo causado por circunstancias adversas o personas: Santiago usa la antigua figura de Job como un ejemplo de sumisión a Dios durante el sufrimiento: “Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.” (5:11). Job sufrió física y emocionalmente (perdió a todos sus hijos y sus posesiones, su esposa no fue compasiva y sus amigos lo atacaron verbalmente). Porque sabemos que al final de la historia de Job vemos el valor de sumisión a Dios durante el sufrimiento. Y es sumisión a Dios en el sufrimiento, no simplemente sumisión al sufrimiento mismo (que es lo que sucede con muchas personas, su amargura hacia Dios y el sufrimiento adquiere un aire de martirio).

El undécimo capítulo de Hebreos describe la adición de víctimas anónimas al salón de la fe, “Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno… proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” (Heb. 11: 36-40, énfasis agregado). ¡Su sufrimiento permanece incompleto sin nosotros! Luego, el escritor dirige los ojos a Jesús, “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (12: 2). Para aquellos en su historia, el sufrimiento nunca es sin un propósito redentor.

El sufrimiento parece inútil cuando uno solo lo mira a través del lente de lo temporal; sin embargo, Dios usa el sufrimiento en el reino temporal para lograr la riqueza eterna en el reino espiritual. El sufrimiento, para el creyente, “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” (Rom. 8:18).

Pensamos que un Dios compasivo y misericordioso debería eliminar el sufrimiento. No, simplemente convierte el sufrimiento, para el santo, en algo redentor. En su libro, Cuando Dios llora, Joni Eareckson-Tada, una cuadripléjica, lo resume mejor, el sufrimiento es cuando Dios “permite lo que odia para lograr lo que ama” Usa lo que odia para lograr lo que ama.

Poco sabía Santiago cuando escribió estas palabras que los creyentes se beneficiarían de su sabiduría por más de 2,000 años. Quizás eso es lo que el Señor “provocó” parcialmente a través de la sumisión de los santos del primer siglo a Dios en las relaciones interpersonales y el sufrimiento.

Preguntas de la lectura cronológica de la Biblia de hoy (Santiago 4:1 – 5:20; 1 Timoteo 1:1 – 2:15):

¿Qué enseña Santiago  sobre la sumisión a Dios en el habla, la confianza, la riqueza y las posesiones y la oración?


Pablo le escribe a Timoteo, quien pastorea la iglesia en Éfeso. ¿Qué problema aborda Pablo? ¿Qué instrucciones le da Pablo con respecto a su papel como pastor?

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