Nacido de esa manera

Por Iva May

La Biblia Cronológica de One Year®, RVR1960 (Tyndale, 2013), 10 de octubre

Los bebés son naturalmente egocéntricos. Lloran cuando tienen hambre, cuando están mojados o aburridos. Todo su mundo gira en torno a ellos. Y no mejora a medida que continúan creciendo, ¡simplemente se vuelven mejores para ocultarlo! Una persona decidida puede presentarse a sí misma en una imagen cariñosa y compasiva, ¡pero si no se le muestra gratitud y consideración, o le quita la vía  frente a una luz roja,  veras como emerge la persona egoísta que esconden! Cada uno de nosotros ingresa a este mundo con una capacidad y propensión a actuar de manera egoísta y pecaminosa, para clasificar nuestros pecados particulares como mejores o peores que los de los demás. Es sorprendente cómo el hombre desinfecta algunos pecados mientras vilipendia otros.

Jesús nunca pierde su tiempo evaluando a nadie con base en lo externo. Tiene acceso a los pensamientos y motivos más secretos, y no tiene una escala de calificación en la que Él mide a nadie. El pecado es pecado. El orgullo, la hipocresía, la gula y el acaparamiento de poder son iguales al pecado sexual y al asesinato. Los hombres se apresuran a calificar en una escala móvil lo que Dios iguala.

Jesús describe el mundo interior de cada hombre: “lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.” (Marcos 7: 20-23).

Nadie puede hacer que una persona se enoje, sea lujuriosa  o mienta. Las circunstancias (tanto buenas como malas) simplemente ofrecen oportunidades para que salga lo que hay dentro. El tiempo, la oportunidad e incluso los orígenes familiares no obligan a las personas a hacer ciertas cosas; más bien revelan lo que hay allí todo el tiempo.

Jesús demuestra que el fariseo soberbio y orgulloso está tan alejado de Dios como el hombre  mentiroso, el asesino o sexualmente inmoral. Los fariseos miden su limpieza externa contra la impureza externa de los discípulos de Jesús: “¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan.” (Mateo 15:2). Han intercambiado los mandamientos de Dios con la tradición de los ancianos, tradiciones que no tienen nada que ver con pensamientos y motivos, solo con el lavado de manos y una cantidad insoportable de otros elementos externos, y se ofenden por el desprecio de Jesús por los rituales externos.

Discutir sobre el lavado de manos no responde a la pregunta de qué debe hacerse por el pecador cuyo corazón proceden “los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez.”(Marcos 7: 21-22). Además, Jesús dice: “Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.” (7:23). Es por eso que el evangelio de Jesucristo es una buena noticia: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Cor. 5:21).

Todos entramos en este mundo desconectado de Dios (que se muestra de muchas maneras), y la reconexión tiene un precio: la humildad y la honestidad de nuestra parte, y el perdón y la redención de parte de Dios.

Dios provee la justicia que Él mismo requiere. En el momento en que el pecador arrepentido acepta la justicia de Cristo como suya, nace de nuevo. El Espíritu de Dios entonces manifiesta la justicia de Cristo en él. ¡Él ha cambiado de adentro hacia afuera!

Preguntas de la lectura cronológica de la Biblia de hoy (Juan 6: 22-71; Marcos. 7: 1-23; Mateo 15: 1-20):

    ¿Qué revela la declaración de Jesús: “Yo soy el pan de vida” (Jn. 6:35) acerca de Él y de la verdadera necesidad del hombre?

 ¿Qué objeción plantean los judíos con respecto a la identidad de Jesús? 

¿Qué revelan su objeción y rechazo sobre su conocimiento del Padre?

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