¡Mío!

La Biblia Cronológica de One Year®, RVR1960 (Tyndale, 2013), 3 de junio

Los niños pequeños son terroristas sociales. Ellos entienden, “¡Mío!” Y reaccionan rápidamente de manera egoísta hacia cualquiera que amenace sus posesiones. El egoísmo es una parte de la descarga del pecado en el ADN de Adán y Eva; debe ser tratado en la cruz de Jesucristo. Sin embargo, compartir es un tema de entrenamiento: “Instruye al niño en su camino,
Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Prov. 22: 6). Lamentablemente, muchos niños pequeños nunca reciben ese entrenamiento y se convierten en adultos tacaños.

El escritor de sabiduría aborda el terrorismo social y la mezquindad en los adultos: “Cuando te sientes a comer con algún señor, considera bien lo que está delante de ti, y pon cuchillo a tu garganta, si tienes gran apetito. No codicies sus manjares delicados, porque es pan engañoso. . . . No comas pan con el avaro, ni codicies sus manjares; Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. Come y bebe, te dirá; mas su corazón no está contigo.” (23: 1-3, 6-7). El hombre tacaño no puede renunciar a su propiedad y ve incluso lo que sus invitados consumen como “Mío”.

Las posesiones a menudo poseen los corazones de aquellos cuyas manos las agarran. Cuando Jesús contó la parábola del hombre que construyó más graneros, advirtió que las posesiones del hombre vendrían a poseerlo. Él desafió a sus oyentes recordándoles: “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” (Lucas 12:15). Cuando las posesiones poseen a la persona, construyen una fortaleza de mezquindad alrededor del corazón. Y las fortalezas son difíciles de romper.

La generosidad contrarresta la mezquindad. La generosidad, como compartir para un niño, es un problema de entrenamiento. Comienza con tomar cautivos los pensamientos mezquinos e intercambiarlos con pensamientos generosos. Dios promete: “El alma generosa será prosperada;
Y el que saciare, él también será saciado.” (Prov. 11:25). La Palabra de Dios ofrece el antídoto contra la mezquindad.

Preguntas de la lectura bíblica cronológica de hoy (Proverbios 22:17 – 24:22):

¿Qué revelan los proverbios acerca de Dios y de aquellos que se aprovechan de los demás?

¿Qué revelan los proverbios sobre el corazón y el dolor?

¿Qué enseñan los proverbios sobre el fracaso de los sabios y el fracaso de los necios?

¿Qué revelan los proverbios acerca de cómo hacer acusaciones falsas sobre juicios imparciales y cómo socavan la comunidad?

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