Quejarse es un síntoma

Por Iva May el 27 de marzo de 2020

La gente de la tribu de José (que representa a los dos hijos de José) se queja acerca de su asignación de tierras: “¿Por qué nos has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo nosotros un pueblo tan grande, y que Jehová nos ha bendecido hasta ahora?“ (Jos. 17:14).

Josué responde a su queja instándoles a apropiarse de las áreas boscosas de su territorio. La gente de José elevó su queja y volvió a pedir a Josué que pidiera más tierras: “No nos bastará a nosotros este monte; y todos los cananeos que habitan la tierra de la llanura, tienen carros herrados;” (17:16).

Josué contesta sus quejas con la finalidad: “Entonces Josué respondió a la casa de José, a Efraín y a Manasés, diciendo: Tú eres gran pueblo, y tienes grande poder; no tendrás una sola parte, sino que aquel monte será tuyo; pues aunque es bosque, tú lo desmontarás y lo poseerás hasta sus límites más lejanos; porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte.”(17: 17-18).

Las quejas de la tribu de José revelan varias verdades sobre lloriquear y recibir de lo que se quejó:

  • La ingratitud da paso a las quejas. La gente de José no tenía tierra en Egipto ni en el desierto. Ahora tienen más de lo que nunca han tenido, y se quejan.
  • La pereza genera quejas. La gente de José quiere que su tierra sea entregada en bandeja de plata. Quieren tierras que no requieran guerra o trabajo. Es más fácil quejarse que arremangarse y trabajar.
  • El orgullo produce quejas. La gente de José es “demasiado grande para tan poco”, demasiado numerosos para el territorio que les fue asignado.
  • El derecho engendra quejas. El pueblo de José es bendecido numéricamente por el SEÑOR; por lo tanto, se sienten seguros de que esta bendición les da derecho a una vasta tierra sin desafío.
  • Recibir de lo que se quejó requiere más trabajo y más desafíos. Quejarse por más cosas es desear más desafíos.

Una herencia es un regalo, no un derecho. La gratitud produce una actitud de “poder hacer” que se enrolla sus mangas para hacer lo que sea necesario para apropiarse del regalo. La persona de Dios vive en un aire de gratitud que trata cada regalo, sin importar cuán pequeño sea, como una razón para responder con acción de gracias.

Pregunta de la lectura de hoy (Josué 15: 20-17: 18):

Los cananeos “cavaron en sus talones” cuando se enfrentaron a la tribu de Manasés. ¿Qué requeriría de Manasés expulsarlos? ¿Por qué  Manasés no los expulsó?

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