Salud, riqueza y prosperidad

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Zofar describe la vida y la muerte de los impíos, y sus palabras son verdaderas. Sin embargo, se equivoca cuando asume que Job debe ser malvado para que sufra tanto. Job responde haciendo la vieja pregunta: “¿Por qué viven los impíos, y se envejecen, y aun crecen en riquezas?” (Job 21: 7). Job ha perdido su gran casa, sus grandes posesiones y su gran familia. En el fondo de su corazón, él sabe que confía en la muerte sustitutiva del inocente que expía el pecado de los pecadores, pero lucha con el por qué Dios permite que los justos sufran.

Job mira a los malvados en su prosperidad y llega a una conclusión: mejor tener sufrimiento y conocer a Dios que prosperar, como si esta vida fuera todo lo que existe, y no conocer a Dios en absoluto: “Dicen, pues, a Dios: Apártate de nosotros, porque no queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos a él?” (21: 14-15).

La prosperidad es sobre valorada. Vivir toda la vida coleccionando cosas y nunca conocer a Dios es más que triste; es trágico. La prosperidad es un cojín cuya comodidad evita que muchos sientan el dolor del pecado y la necesidad de redención. La religión a menudo pone su cabeza en ese cojín. Tanto la prosperidad como la religión impiden que los hombres reconozcan que viven separados de Dios y atrapa a los hombres para que vivan en el ahora e ignoren la eternidad.

Job mira a ambos extremos del espectro. Describe al que muere “Este morirá en el vigor de su hermosura, todo quieto y pacífico” (21:23) y al que muere “Y este otro morirá en amargura de ánimo, y sin haber comido jamás con gusto.” (21:25) y concluye que no son diferentes unos de otros. “Igualmente yacerán ellos en el polvo, y gusanos los cubrirán” (21:26). Ambos desconocen a Dios. El empobrecimiento del alma llega a ambos. Es una vergüenza terrible vivir y morir en la prosperidad y no conocer a Dios, o vivir y morir en la pobreza y tampoco conocerlo.

Los hombres malvados prosperan, pero la prosperidad, en sí misma, no es un indicador confiable de si un hombre es justo ante Dios. Los hombres justos sí sufren, pero el sufrimiento, en sí mismo, no es un indicador confiable de si un hombre es justo ante Dios.

Los amigos de Job nos advierten que el hombre no puede evaluar con precisión el estado espiritual de un hombre por su posesión de salud y riqueza, su religión o su falta de ella.

Preguntas de la lectura de hoy (Job 19: 1-21: 34):

¿Qué dice Bildad que revela su irritación con Job?

¿Cómo responde Job a los insultos de Bildad?

Zofar vuelve a la conversación a la defensiva: “La reprensión de mi censura he oído” (20: 3). ¿Cómo ve la tenencia del hombre en la tierra? En su defensa, Zofar lanza una declaración final: “Esta es la porción que Dios prepara al hombre impío,  la heredad que Dios le señala por su palabra” (20:29). ¿Qué está implicando?

¿A cuál antigua pregunta se dirige Job en el capítulo 21?

Job resalta la vida de dos hombres y los compara en el capítulo 21. ¿Quiénes son y qué establece sobre ellos?

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