Fracaso Redimido

Las últimas palabras que escuchó José antes de ser vendido a una banda de comerciantes fueron las del hijo de Lea, Judá. La idea de Judá era vender a José a los comerciantes ismaelitas: “Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él.” (Gn. 37: 26-27). Misión cumplida. Sin hermano, no se cumplirían sus sueños, y no se inclinarían ante el hijo favorito. Sin hermano, no más favoritismo de su padre.

Los veintidós años que transcurrieron entre la decisión traicionera de Judá  y sus hermanos de vender a José en Egipto le enseñaron a Judá una o dos cosas sobre el dolor y la amargura:

  • Aquellos que operan con  déficit de amor de un padre a menudo atacan por celos a aquellos que conocen el excedente amor de un padre.
  • La amargura endurece a las personas al daño que infligen a los demás; experimentar una pérdida similar, sin embargo, suaviza los corazones y trae la redención.

Fue a  Judá, cuyos dos hijos, Er y Onan, fueron “eliminados” por el Señor debido a su maldad (38: 6-10).

Fue Judá quien se volvió viudo (38:12).

Fue Judá quien experimentó una tremenda angustia. Judá ahora entiende el dolor que se produce por la pérdida de los hijos.

Es Judá quien se ofrece voluntariamente para asumir la responsabilidad total de Benjamín: “Entonces Judá dijo a Israel su padre: Envía al joven conmigo, y nos levantaremos e iremos, a fin de que vivamos y no muramos nosotros, y tú, y nuestros niños. Yo te respondo por él; a mí me pedirás cuenta. Si yo no te lo vuelvo a traer, y si no lo pongo delante de ti, seré para ti el culpable para siempre.” (43: 8-9).

Judá sabe de primera mano lo que es perder, no uno,  sino dos hijos. Por lo tanto, busca ahorrarle a su padre la segunda pérdida de un hijo, Benjamín: “te ruego, por tanto, que quede ahora tu siervo en lugar del joven por siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus hermanos. Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre.” (44: 33-34).

Ahora está listo para renunciar a su propia vida a favor de la vida de su hermano menor.

Esta historia es especialmente significativa en un mundo donde las familias rotas se han convertido en la norma. La rivalidad entre hermanos es lo suficientemente desafiante sin las complicaciones de relaciones adicionales. Esta familia mixta, como las de nuestros días, era un semillero para el dolor, los celos y la amargura. Los creyentes que han crecido en este tipo de hogares no tienen que operar con un déficit de amor, sino por un excedente de amor.

Tenemos un Padre en el cielo que es perfecto, que ama perfectamente y que da a las personas sin esperanza otra oportunidad.

Preguntas de la lectura de hoy (Génesis 42: 1-45: 15)

¿Cómo revela el Señor la deshonestidad de los hermanos en sus tratos anteriores con José? ¿Qué revela esto acerca de Dios?

¿Qué revela la conversación frente a José sobre Rubén?

¿Qué revelan las pruebas de José acerca de sus hermanos con respecto a sus hermanos?

¿Cómo han madurado todos los hermanos (incluido José) durante los años transcurridos entre su traición y su traslado a Egipto?

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